Svdestada – Yo soy el mar

Svdestada - Yo soy el mar

Información

Foto por Coral Devesa
Artwork por Mario C. Vaises
Grabado y mezclado por Iván Ferro en Kollapse Studio.
Masterizado por Brad Boatright en Audiosiege.
Editado: Mals Records, The Braves Records, Odio Sonoro, Kill Vinyl Records, Violence in the Veins, Nooirax, Muerte Matar, Long Legs Long Arms, Ojalä me muera, Tupatutupa Records, Gato Encerrado Records.

Con motivo de la salida de nuestro disco “Yo soy el mar” hacíamos este track by track para a web idioteq. Hemos querido rescatarlo y compartir con vosotros lo que significa este disco que surge como un grito de guerra de optimismo, una reivindicación del amor propio. Una crítica al abandono, al ego, y a la falta de persistencia en todos los ámbitos de la vida moderna. Esperamos que os guste escucharlo aunque sea un 1% de lo que a nosotros nos ha gustado hacerlo. ¡Gracias de antemano por ello!

Y en mitad de la tormenta decidiste abandonar, te dejaste llevar por la marea, pero yo me quedé a luchar contra el viento, porque “Yo soy el mar”.

1. Ostro

Esta es una intro de unos pocos segundos que, como todos los interludios del disco, tiene nombre de viento. En este caso, Ostro es el nombre italiano que recibe un viento del sur que sopla en el Mediterráneo.

2. Bengalas

“El mundo ha girado otra vez,
como si quisiera darme la espalda.
Soñaba algo que me hizo llorar
hasta que la luz golpeó en mi ventana.
Sol invicto que me quiere en pie,
listo de nuevo para otra batalla.
Esta guerra no la ganaré
y aún así yo saldré a partirme la cara
hasta el anochecer.
Intentaré no pensar en ti.
Armado con tan sólo un papel
y una ristra de versos en la garganta,
voy lanzando bengalas en la oscuridad
de un planeta que se desangra.
Los traidores suelen esconder
un puñal en el hueco de sus palabras;
si pudiera hacerlos callar…
firmar de una vez la paz con mi almohada.
Hasta el anochecer
resistiré todos los embates de una vida
que se ha empeñado en enseñarme a perder,
cuando yo no quiero pelear.
No quiero pelear, pero lo haré.
Pelearé.”

La vida no suele darnos tregua. Vamos siempre unos pasos por detrás de las circunstancias y, cuando por fin conseguimos estabilizarnos, todo vuelve a girar a nuestro alrededor y nos vemos obligados empezar de nuevo. Es una lucha diaria contra el mundo, desde primera hora: contra la adversidad, los que nos hieren y nos traicionan, las preocupaciones y los recuerdos dolorosos que no conseguimos dejar atrás… y todo ello con la certeza de que al final perderemos, que nada tiene demasiado sentido; la muerte se nos llevará y nuestro paso por el mundo será intrascendente. Así las cosas, lo único que podemos hacer es ir “lanzando bengalas” en la oscuridad, creando, componiendo, escribiendo, improvisando… haciendo arte con nuestras miserias y ganándole al menos algunas batallas al destino.

3. Soflamas

“Lo que cuentas, lo he escuchado ya. No hay ni un solo verso original en tu gran epopeya sobre la verdad. Repites soflamas que no prenden más, buscando alumbrarte en la oscuridad. Acaso ignorante, no sabes que la pólvora que usas no arde, pues está empapada con la sangre de aquellos que antes que tú ya sabían cómo salvarnos y acabaron por clavarnos a una cruz. En tu propia celda se te oye cantar, tú crees que un himno, cuando en realidad no es más que un eslogan manido con el que llenar tu cabeza de ruido. Tus principios son prestados. ¿Alguna vez has pensado que tu filosofía cabe en un panfleto? De esos que escriben los futuros siervos del terror al líder supremo, elevado al cielo a hombros de tontos iguales que tú. Si vienes aquí a predicar, usa el ejemplo, no me leas el manual. Si vienes aquí a predicar, usa el ejemplo y déjate ya de ladrar.”

Estamos rodeados de predicadores: familiares, amigos y desconocidos que nos sermonean a diario en las redes sociales, en el trabajo… Iluminados que conocen la solución a todos los problemas porque se han leído cuatro posts y dos panfletos, sin darse cuenta del tufo totalitario que despiden sus frases hechas y sus ideologías muertas. Me di cuenta de que todos ellos necesitan creer en algo ciegamente, evitarse el dolor de cabeza que supone razonar, analizar y poner en cuestión sus propias opiniones. Necesitan salvadores que hagan el trabajo duro por ellos, soluciones milagrosas para problemas sin solución. Por eso las religiones siguen existiendo miles de años después, por eso las ideologías más atroces siguen captando adeptos, porque el fanatismo no razona, solo impone su doctrina, hoy con sermones, pero mañana a sangre y fuego.

4. Zozobra

“De esta línea no pasarás. De mi vida te arranqué, no puedes volver. No importa cuánto insista el mar, romperá una y otra vez contra la escollera de mi voluntad. No hay vendaval que me haga zozobrar ni canto que me pueda enloquecer. Que baje dios si quiere ver a quien vistió al dolor usando su propia piel. No me queda nada triste que contar, vengo de vaciar mi alma en la tinta de ríos que están secos ya, ni me verás hundido porque fue en un mar de lágrimas donde aprendí a nadar. Si he llegado hasta aquí es porque ya solté amarras de ese puerto en el infierno. Me lo he cruzado a pie, igual que un faquir, descalzo sobre las brasas ardiendo. Allí dejé enterrado tu cadáver, en una cuneta del tiempo. La noche ha pasado de largo; de un solo trago, he acabado con el invierno. Si he llegado hasta aquí es porque me olvidé del camino de vuelta a tu agujero. Ya no puedo creer en nadie más que en mí, sé bien que todos mis héroes han muerto. Así, hoy puedo decir que, gracias a eso, yo solo me basto para levantarme y seguir, tan lejos de ti.”

Hay veces que tras un período tormentoso de nuestras vidas, cuando parece que por fin hemos conseguido salir de nuevo a flote y estabilizarnos, nuestro pasado regresa para sacudirnos y amenaza con arrastrarnos al fondo una vez más. La nostalgia siempre es tentadora y lo que conocemos nos resulta cómodo, pero es entonces cuando debemos recordar cuánto sufrimos, lo que nos costó salir de ahí y que hay caminos que ya recorrimos y sabemos que no llevan a ningún sitio. Debemos dibujar una línea en el suelo que nadie que no merezca estar a nuestro lado pueda traspasar.

5. Renacido

“¿Cuántas veces puede alguien regresar de encararse con las nubes de la tempestad? Otra vez que me ha intentado estrangular con sus largas, largas manos la adversidad, y ya con todo listo para el funeral, yo me he sacudido el polvo y me he ido sin pagar. He vuelto a renacer; me arrojan desde el cielo y vuelvo a caer de pie. No sé muy bien por qué, pero cuanto más pierdo, más ligera es mi piel.
No me alcanza la guadaña, va la muerte tras de mí. Nunca se va a rendir. Yo ya cavé un hoyo, pero era para ti. ¿Por qué habría de volver? Si aquí, en tierra de nadie, yo soy mi único rey.
No tengo nada mío, soy rico cual mendigo, durmiendo en una hoguera si hoy sueño contigo, riendo con las hienas las bromas del destino, abriéndome camino cerca del precipicio. ¿Cuántas veces más podré asomarme sin sentir deseos de saltar? Suelo besar el suelo y me vuelvo a levantar, he mordido anzuelos que jamás llegué a tragar, he estado en el infierno, y no es ningún un lugar… Ya casi ni me acuerdo de quien me hizo desear morir. Será que he vuelto a renacer.”

Siempre me ha sorprendido la capacidad de recuperación de las personas, cómo después de haber tocado fondo, uno puede llegar a recuperarse y volver a sonreir. Dicen que el tiempo lo cura todo, y es verdad. No importa cuánto te arrastres por el suelo de dolor, convencido de que de esa no sales; un día te levantas y tus heridas están cerradas. Has renacido (una vez más).

6. Siroco

Interludio con nombre de viento del sureste típico del Mediterráneo.

7. Credo

“Cuánto tardé en entender que esto es un sálvese quien pueda y que al final no importa mucho perder o ganar, ni siquiera el rastro que dejamos al pasar. Por más que me empeñe, cerrando los ojos no conseguiré que nuestras miserias sean menos reales. ¡Subid las persianas, que quiero ver el mundo arder! No hay mucho más que hacer, que echarse a andar hasta que nos aguanten los pies, los puños cerrados para no olvidar que no existe don que podamos retener. Si pudimos ver al ángel caído caer, en qué vamos a creer, en qué podemos creer…
Busca tu pulso, el latido de tu tempo, coge aire, toma asiento en el viento. Afila esa sonrisa que se atrinchera en tus labios, y si escapa algún lamento, fusílalo en el acto. Si dejas algo escrito, que al menos sea un verso, y el final de tu historia mejor déjatelo abierto.”

Todo se derrumba a nuestro alrededor, nada ha salido como habíamos planeado y tras tantas decepciones nos van quedando pocas cosas en las que poder creer. Dejemos de soñar con otras vidas que no son la nuestra, de ir persiguiendo siempre al futuro. Si el mundo arde y no podemos remediarlo, al menos disfrutemos del espectáculo, tomemos el presente tal cual nos llega y hagamos algo digno con él. Démosle sentido a una vida que realmente no lo tiene, improvisemos un poco sin preocuparnos del final y jamás cedamos a las especulaciones, los sueños imposibles o al optimismo idiota.

8. Pompeya

“Escucha el silencio que guarda el vagón, dictando sentencia, una maldición, el destierro en vida de la humanidad a este subsuelo de hierro y sudor. ¿Ha perdido el mundo la voz? Ahora que alguien suplica algo de atención, de igual a igual, dónde está la pasión con que lloran al son las injusticias esos que hoy no quieren mirar a los ojos de un dolor que tiene nombre y pide compasión. A cien metros de profundidad, donde entierran el valor los héroes de la indignación, todo es rutina y hedor, cenizas de convicción, humo y vanidad. Duerme Pompeya bajo la tierra de la vergüenza, donde no os pueden encontrar. Mudos los muros, hoy no hay lamentos, nadie alza el puño, miráis al suelo… ¿Es que se os ha caído el corazón? Sólo esperáis que pase de largo con sus sucias manos la realidad sin que os llegue a tocar.”

Pompeya es la imagen de una sociedad enterrada bajo metros de tierra y ceniza, una sociedad muerta y callada… Cuántas veces habré visto en el metro a gente mendigando, realmente necesitada, invisibles para el resto del vagón. Pienso que muchas de esas personas que bajan la vista o miran el móvil son las mismas que luego aleccionan a los demás en las redes sociales, indignados con tanta injusticia, predicando la solidaridad desde detrás de un teclado. Personas que cuando llega el momento de demostrar esa empatía que predican, simplemente miran para otro lado.

9. Barlovento

“Dónde están tus aires como de huracán. Ahora que estoy a resguardo, a quién vas a atormentar. No me alcanzarás, no sueñes con volar tan alto. Tu lugar estará siempre en el fango mientras sigas anegando con tu llanto la verdad. Al final, quién querrá estar a tu lado, si cada vez que te abrazan se desata un vendaval. Y qué les vas a contar, cómo explicarás que estás sola otra vez, que te abandoné sin mirar atrás. Diles que soy yo el único culpable de que nunca haya nadie que te aguante más de un mes.
Aquello que escribí, rómpelo, ahí no hay nada para ti. Deja ya de sufrir, de mirar el escaparate, no te lo puedes permitir. Habla ya de otra persona, la que tú no serás; tu alma está en la bancarrota. Yo que bajé el cielo hasta tus alas rotas, que te abrí mi pecho cuando no tenías a donde ir. Todos esos versos que entraste a robar, no tienes que devolverlos, han dejado de brillar. A quién pretendes engañar aullando igual que lo hace el viento. Tú a nadie puedes engañar, si con soplar se te vuela el disfraz.”

Los marinos llaman barlovento al lugar de donde llega el viento. En este tema, los vientos huracanados y las tormentas los desataba una persona con la que conviví en una relación tóxica e interminable que casi acaba conmigo. Era el prototipo de persona que responsabiliza a los demás de sus propios fracasos y los conflictos que provoca, que se muestra encantadora y atenta entre desconocidos, a los que quiere deslumbrar, pero machaca a aquellos que tiene más cerca y que más amor le dan. Y sin embargo, aunque no pasa un día sin recordarte cuánto te desprecia, no te deja marchar. Cuando por fin conseguí salir de aquello y pude mirar atrás con perspectiva, me di cuenta de que allí no había nada que mereciese tanto sufrimiento.

10. Lebeche

Lebeche es la outro del disco, cuyo nombre hace alusión a un viento que sopla en España llegado desde el suroeste.

Jorge Urosa

Jorge Urosa

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