Viva Belgrado – Bellavista

Viva Belgrado - Bellavista

Valoración: 7,5/10

Mejor track: Un Collar

Un arpegio aderezado con delay, una reverb cálida y sutil, una caja a contras, una bienvenida.  “Una Soga” se llama la canción, una pregunta que me surge, ¿será un amarre, un cabo a tierra, el arma de algún verdugo? Me entra curiosidad por saber como la vida trató a Viva Belgrado en estos últimos cuatro años de hastío.

Efectivamente, me estoy volviendo a enfrentar a un nuevo disco de Viva Belgrado. Y van cuatro montañas ya. Se dice pronto. “Bellavista” se llama la nueva cima, y el arte me da calor de solo verlo.

Creo que arranco la escucha algo condicionado, con el dedo índice preparado para pedir mi hoja de reclamaciones al dueño del lugar, para atracar a la banda a punta de bilis y dar mi opinión de mierda innecesaria. Satisfacer mi propio ego, tirar por tierra el trabajo de los demás sin fundamentos. Me prometo a mí mismo no ser un gilipollas, voy a escuchar de verdad.

No voy a negar una cosa, me veo a mí mismo queriendo consumir lo que la suerte me ha traído desde Córdoba en estos últimos años. Subo involuntariamente al once el potenciómetro de la exigencia.

Hago la mochila con el neceser habitual y mi “pack de escalada Viva Belgrado”: Un par de pañuelos, un jersey para los momentos con piel de gallina, crema de manos para los aplausos, y un diccionario para entender su esperada poesía de élite sabor prosa inconexa, escuela Henry Miller. Ojalá esta vez el dolor me siente bien.

Lo reconozco, me gusta lo que oigo. La canción camina con fluidez, hay chulería y desparpajo, rompe el estribillo y con él se rompe la voz, Viva Belgrado en su estado más puro. Se liman las asperezas del prejuicio, el disco promete.

La segunda canción me baja el hype, el sentimiento que arrastré de la primera me parece ahora un espejismo. El single “Bellavista” tiene tufillo indie, se pierde la cafeína del comienzo. Visualizo el panorama. Mondosonoro aplaudiendo con las orejas, vestidos de lunares en el pit, cuellos ladeados en un mosh sensual, un mar de smartphones alzándose como estandartes de guerra en intervalos de 15 segundos para registrar stories de Instagram, alguna factura de Iberdrola pagada con streams.

No te desanimes, seguro que “Cerecita Blues” levanta esto. Lo cierto es que no es así y me empiezo a preocupar. Llegó el momento de cambiar el chip. Escucha y no analices, me dije. A veces hay que dejar a las cosas ser por sí mismas. Y así empiezo a dejar ser al disco, le pongo un moderador de coherencia a la escucha, si sigo esperando algo concreto, todo me va a decepcionar. Si nada espero, todo que ganar. Escuchemos esta historia.

Y así entro a “Mas triste que Shinji Kari” con otro flow y me la gozo lo más grande. Ya no sé que estoy escuchando y me da igual. La verdad, perdonad la incoherencia, pero no puedo mentiros, esta canción me fascina. En la primera escucha en modo single y sin disco que la contextualice, me pasó desapercibida, pero ahora solo tengo aplausos para ella. Ojalá fuese un interludio a mitad de un “Flores, Carne” o un respiro necesario en “El Invierno”. Poesía cerrada, ácida, directa, un emo hiphopero. Lírica sin manual, del pueblo y para el pueblo.

A estas alturas ya estoy vendido, echadme encima lo que queráis, nada puede afectarme… Pero ahí, justo ahí… Justo cuando te has resignado a comerte y disfrutar de lo que parece ser una pizza con piña que te han traído por error, Viva Belgrado te da un bofetón de tablas. “Un Collar” es posiblemente la mejor canción que ha hecho esta banda cordobesa en toda su trayectoria. Lo tiene todo, una letra sentida que sabe a honestidad, un lapus tan bizarro como correcto con un deje de la tierra, una armonía descarada a medio tiempo que cierra una canción bañada de guitarras que lloran como una sinfónica de violines, un desgarre de amargura, cajas que piden permiso para entrar con timidez en la maraña de luces y oscuridad. Jodidamente maravilloso. Ya nada puede salir mal, después de esta canción, Viva Belgrado tienen mi carta blanca para lo que queda de disco.

La siguiente canción casi que me la perdí. Seguía pegado a la anterior. “Ikebukuro Sunshine” creo que se llamaba. Con ella recuerdo un poco el aroma del inicio del disco, pero ahora ya me entra bastante bien. Agradezco lo terrenal de las letras, quizás la evolución que más aplaudo de la banda en su ya considerable trayectoria. Las cosas a la cara, sin adjetivos del barroco, sin juegos retóricos abiertos, mas manifiestos y menos “elige tu propia aventura emocional” Personalmente, gracias.

La guitarra rabiosa de “Vicios” me devuelve el calor al cuerpo. Me reitero en lo de las letras, son realmente de lo mejor de este disco. Noto en todas ellas una clara huida hacia adelante, miedo a jugar en otra liga. Los visualizo perdidos, como los nuevos del equipo en un vestuario lleno de estrellas a punto de reventar por el ego. ¿Sensación de no pertenecer, quizás? Nadie pide que se queden o se vayan, y abucheos habrá, como siempre, pero solo unos tendrán razón, los que vayan contra una fallo de honestidad, y de momento no parece ser el caso. Todo irá bien mientras siga estando prohibido llevarse el disfraz del underground a un teatro mayor.

Si es que estoy en lo cierto, y estas letras narran ese miedo que estoy interpretando, marchad tranquilos coño, que bien merecido lo tenéis y no hay nada que demostrar. Aquí ya os habéis ganado vuestro sitio de embajadores. Siempre podréis volver a casa. Y os recibiremos con los brazos abierto, a mesa puesta de estofado de seitán, y el reencuentro con un bombo sin amplificar será maravilloso.

Me gusta el ritmo de “Shibari Emocional”. Parece como si alguien hubiese cogido una carta escrita a mano y la hubiese hecho canción. Va creciendo poco a poco, la caja se queda abandonada hasta que la rescata una subida emocional que estalla en rotura rápida. Muy punkrocker todo, el disco me sabe aquí a vieja escuela, lentejas Viva Belgrado de la abuela.

Doy arranque al epílogo del disco y con “Amapolita Blues” me empiezo a dar cuenta de la jugada… Que bien lo han hecho. Serán cabrones. “¡Inocente! ¿Te lo has creído?” Se empieza a cerrar el disco con canciones que parecen disculpas, un sonido que ya conoces, aquel que te enamoró desde su primera demo.

Lindavista” tiene también esta energía, una canción que es un saludo lejano, un “gracias por venir”. La verdadera última canción del disco, porque aunque aún queda un último corte, esta canción sabe a final. El solo de slide en la guitarra, la voz cantando a un micro que parece haberse ido, las acústicas que van apagando la hoguera.

Me preparo a decirles adiós intentando ver… “¿Qué hay detrás de la ventana?” Una gran canción sentida que ya no merece ni ser descrita, es hora de levantarse y aplaudir. Porque esto sí que es un manifiesto sin lugar a dudas, pero no voy a hablar mucho más, voy a despedir esta review con las palabras que ellos mismos ponen en boca de todos como si nos leyeran el pensamiento…

“Que no nos falten los conciertos
Que vengan pocos desencuentros
Y que no pasen cuatro años…”

¡Gracias por vuestro trabajo compañeros!

Fernando Lamattina

Fernando Lamattina

Fer es guitarra en SVDESTADA (Madrid Neocrust / Post HxC). Edita discos de emo y screamo en PUNDONOR RECORDS. A través de DIYTOPIA COLLECTIVE participa como co-presentador en "Diytopia Podcast", realiza reviews de los discos DIY más novedosos, presta su sofá siempre que puede, y hace desayunos de escándalo a las bandas que pasan por Madrid. No se gana la vida con nada de esto, puro amor al DIY.

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